Tengo tantas ganas enfundadas en los tuétanos de mis huesos, tengo ganas infinitas y en demasía de cumplir sueños, de conseguir anhelos. Tengo ganas…
Tengo ganas de despertar y darme cuenta que no han pasado los años, que mi familia sigue aquí, que terminé la universidad en el tiempo preciso.
Tengo ganas de descubrir que no existe discriminación alguna, tengo ganas de imaginar que Haití es una de las grandes potencias del mundo y ver, cómo serían las cosas.
Tengo ganas de saber cómo hubiera sido mi país, si “Aquí hubiera petróleo”, tengo ganas de nunca haber tenido que partir de casa, tengo ganas de escuchar cada mañana a mi hermanito Nelson Elián decirme que me ama y abrazar a mi papá. Ganas de correr sin parar hasta llegar al país de las maravillas, y perderme junto a Alicia en un mundo completamente fantástico e irreal.
Tengo ganas de despertar cada mañana con preocupaciones laborales, con muchas cosas que hacer, con muchos consejos que dar. Ganas de que las gordas seamos las “mamis” del mundo.
Tengo ganas de que los pobres sean ricos y los ricos sean pobres, por un día, y así consigan desprenderse de aquellas cosas que realmente no necesitan, tengo ganas de ver niños jugar como niños en los parques, de ver más educación, menos políticos corruptos, menos botellas, más humanos, menos abortos, más salud, menos dolor, más estabilidad, menos niñeras, más familias.
Tengo ganas de aprender a nadar, de subirme en la mata de limoncillos de donde doña Yuya sin temor a caer, como antes, ganas conocer mi país, mi rinconcito de tierra perdido y olvidado por muchos. Ganas de caminar tomada de la mano del ser que amo, sin ser la protagonista de todo tipo de miradas acusantes, discriminantes, hirientes.
Tengo ganas sangrantes de todo y de nada, de cumplir, de contar, de soñar, de sentir, de hacer; pero sobre todo, de SER. Yo no sé nada, yo solo sé, que tengo ganas…

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada