Éramos un grupo exquisito, excéntrico, loco, divertido, chismoso, lleva vida, pero siempre unido. Éramos los únicos en nuestro círculo, en nuestro pequeño mundo, en nuestra terracita de Tailú. Éramos los únicos con derecho a sentarnos ahí.
Nos reíamos en cada ocasión como locos, nos reíamos del mal vestido, del cornudo, de la que se creía todo y no era nada, y mirábamos de reojo a todo aquel que osara ocupar nuestro espacio. Nos defendíamos, si alguien se metía conmigo, tenia problema con todas y así. Éramos las mejores. Nos visitábamos, compartíamos las mejores historias con sabor a brugal y espaguetis blancos.
Nos ayudábamos con las tareas, con las deudas, con las tristezas y con las rabietas, pero nos ayudábamos. Éramos unidos, muy unidos, o al menos eso creía yo.
Y yo pensaba: “Wow! Que grandes amigas tengo” […]
La última vez, nada fue así. Nos volvimos distantes, frías, optamos por criticarnos a las espaldas, por no decir eso que nos molestaba o que sentíamos, olvidamos expresar nuestro amor, nuestra gratitud, olvidamos… Con gran dolor comprobé, lo mucho que hemos cambiado.
Nos convertimos en extrañas con gustos parecidos, en conocidas con historias compartidas, en enemigas con recuerdos de alegría, nos convertimos en un recuerdo, en algo que ya pasó, en una historia que ya se vivió, en una etapa que se quemó.
Que nos pasó?

1 comentarios:
Todo pasa. Lo bueno y lo malo.
Supongo que eso les pasó.
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